Diagnóstico

Este diagnóstico aborda temas de género y además identificamos prácticas que se tienen que problematizar y denunciar. Así, podemos identificar que en la actualidad:

  • Aún existen espacios académicos en las ciencias sociales con mayor presencia de hombres que de mujeres, particularmente en los cargos de mayor responsabilidad y estatus. 
  • Aún existe una significativa brecha salarial entre hombres y mujeres, en desmedro de estas últimas. 
  • Existe poca o casi nula representación de personas provenientes de contextos sociales diversos en la academia (por ejemplo, personas indígenas, personas que son primera generación universitaria, personas de regiones, entre otros).
  • No existe una representación importante de mujeres en la academia y que trabajan en regiones. 
  • Existe una centralización en cuanto a fondos de investigación. Generalmente estos se los adjudican centros de investigación e instituciones que generalmente se ubican en Santiago y que focalizan su trabajo en la Región Metropolitana.
  • A pesar de que ha habido un incremento en la adjudicación de fondos de investigación liderados por mujeres, esta sigue siendo menor en comparación a los proyectos adjudicados por hombres.
  • En general, la discusión de género en la academia se ha centrado en la necesidad de aumentar el número de mujeres en este campo y en asegurar condiciones mínimas de pre- y post-natal. Esto puede verse como un avance; sin embargo, las inequidades que experimentan las mujeres en la academia son bastante más profundas y requieren de mayor trabajo. 
  • Hay una mayor existencia de instancias para visibilizar el trabajo de mujeres en ciencias naturales y disciplinas STEM, lo que tiende a invisibilizar lo que sucede con las mujeres en las ciencias sociales.
  • Aún persiste un ambiente que mantiene (y a veces aumenta) la precariedad del trabajo. Por ejemplo, existe una gran cantidad de iniciativas académicas que no son financiadas y solo sobreviven debido al interés de quienes las crean (por ejemplo, organización de congresos y edición de números especiales de revistas académicas).
  • Cuando las mujeres entran a la academia implícitamente se suele asociar su trabajo con gestión, cosa que para los hombres en la academia es más difícil de asociar. Esto genera más carga laboral y responsabilidad para las mujeres.
  • Las trayectorias académicas son comprendidas como externas y sin conexión alguna con las vidas personales de quienes las llevan, lo que genera la mantención y promoción de prácticas de competitividad y precarización. 
  • Esto último es particularmente evidente en el caso de mujeres que son madres y de personas que cuidan a otros, lo que acentúa su nivel de desventaja en relación a quienes no tienen estas responsabilidades. 
  • A pesar de que cada vez son más las denuncias de acoso laboral, sexual y/o psicológico dentro de la academia, todavía existen malas prácticas y abuso de poder que daña la integridad y el desempeño de las mujeres en este espacio.

Seguro que existen muchos otros antecedentes, pero estos nos ayudan a establecer la necesidad de desafiar la competitividad establecida en la academia, visibilizar el trabajo de las mujeres en ciencias sociales y mejorar su posición en el campo académico.

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